10 cosas que no faltaron en el Viña Rock (ni en otros festivales)

Acabó el Viña Rock 2014. Tres días que nos dejaron multitud de momentos memorables. Muchos, asociados a los Boikot, Violadores del Verso, SA… que actuaron en sus escenarios. Pero también hay cosas, situaciones, personas que forman parte de la pequeña historia de cada Viña, y de casi cualquier festival, y que nunca figuran en las crónicas. Hoy vamos a darles un espacio en Circulo 8.

1. Los pogos
La salsa de los conciertos (al menos para el que esto escribe). Oyes tres acordes, reconoces la canción, te atas bien las zapas, preparas los codos… y al lío. Incomprensiblemente, hay a quienes no les gusta, y más de uno se despista mirando el movil y cuando se quiere dar cuenta está en medio de un wall of death y no hay salvacion.

2. El descamisado sudoroso
Sí, a primera hora pega el sol, la multitud impide circular el aire y los botes hacen entrar en calor, pero aun así resulta difícil empatizar con el tío bañado en sudor que se quita  la camiseta delante de ti. Sólo queda rezar para que la avalancha no te lance contra él, o peor, que no le dé por abrazarte.

3. El cabezón
Llegas una hora antes, coges buen sitio en un concierto y nada más empezar se te pone delante un tío/tía que te saca dos cabezas y no ves nada. Te mueves hacia la izquierda, y el de delante se mueve hacia la izquierda. Te mueves hacia la derecha, y se mueve hacia la derecha. Aunque estén tocando los Rolling, tú tarareas a los No me pises que llevo chanclas: «¡quítate de en medio, cabezooón!».

4. Los pasillos
¿Dónde nos ponemos? Aquí, en esta zona que no hace de pasillo, para que la gente que sale y entra no nos empuje. Parece buena idea, hasta que ves cómo lo que consigues es que os tomen como referencia para pasar a ambos lados, por delante y por detrás de ti.

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5. Banderas y camisetas
¿Quién dijo que en el Viña no se aprende geografía? Ves más banderas de regiones, autonomías, países y pueblos varios que en el libro de 5º de EGB. Y si te gusta el fútbol, haces un repaso acelerado a los clubes de medio mundo. Tío, ¿esa camiseta no es del Fenerbahçe? Qué va, tío, del Deportivo Sigüenza.

6. Las colas
Algo que todo festivalero tiene que estar dispuesto a soportar estoicamente. Colas para pillar tickets, colas para pedir, colas para las duchas, colas para el baño… La paciencia es un árbol de raíces amargas y dulces frutos, decían los persas. Como se nota que allí no había festivales.

7. Las drojas
¿Speed, farlopa, M? Ir a festivales es acostumbrarse a que a cada rato alguien te ofrezca drogas. Al principio agobia, pero llega un año en el que no te ofrecen nada y ya te sientes raro, o viejuno.

8. Quechua patrocina este festival
Para los menos pudientes, incluidos nosotros, el Viña implica camping. Cargar con la tienda, la esterilla, el saco, la bolsa con pan de molde y salami del Dia. Elegir un sitio de cara al solazo, martillearte un dedo en lugar de la piqueta, sentir los tropezones en los vientos de la gente que vuelve por la noche… Y descubrir que tu Quechua 2 seconds verde oliva que tan original te parecía es en realidad la del vecino, o la del vecino del vecino, o…

9. Los vecinos de tienda
Vayas o no a socializar, al final en el Viña siempre haces amiguit@s. Las largas horas de tienda entre el despertar y los conciertos, la falta de hielos, la guitarra y la belleza de la gente de al lado conspiran para que abras tu corazón a los vecinos. ¿Que roncan, que arman bulla cuando vuelven de la rave? Qué más da, aquí no hemos venido a dormir, ¿no?

10. El WC infecto
The last and the worst. El momento de aventurarse en los baños portatiles supone un extra de miedo a ver qué encuentras dentro. Desconfiar de los que tienen el círculo verde en la puerta pero no entra nadie, especialmente a partir del segundo día.

(Artículo elaborado con la inestimable colaboración -y experiencia- de Pablo G. Fandiño)

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