Bye, bye, Lemmy

Normalmente, uno no elige cómo muere, aunque sí puede elegir cómo vive. No todo el mundo podría presumir en su último momento de haber hecho lo que le ha dado la gana a lo largo de su existencia, pero está claro que ese sí es el caso de Lemmy Kilmister.

El cantante, bajista y alma de Motörhead, fallecido anoche, ya no volverá a subirse a un escenario, aunque para los amantes del rock y de la música en general seguirá igual de presente. Y es que Lemmy era un tipo único.

lemmy-motorhead

La mayoría le recordaremos por su talento y su energía, materializadas en una de las bandas más míticas del heavy metal, icono del subgénero conocido como speed metal. Himnos como Ace of Spades y Overkill son muestra suficiente de la talla de Lemmy, aunque su producción discográfica abarca decenas de álbumes, 30 de ellos con Motörhead.

Pero Lemmy era mucho más que un músico heavy. De ahí que también se le recordará por sus excesos, por su afición a las drogas, por sus novias y amantes -presumía de haberse beneficiado a 1.200 mujeres- y por sus excentricidades: adicto a las tragaperras, coleccionista de dagas nazis, propietario de un tanque…

Los que tuvimos la oportunidad de verle en directo en el pasado Resurrection Fest nos llevaremos, a nuestro pesar, una última imagen de Lemmy algo decrépita. Pero la mejor forma de tenerle presente es llenar un vaso con Jack Daniel’s y poner el No Sleep ‘til Hammersmith a todo trapo sin importarnos los vecinos. Yo voy a hacerlo ahora mismo.

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