El Cabo de Plata cierra su debut con éxito

Más allá del tópico de que el Cabo de Plata era una especie de Viña Rock playero, lo cierto es que la primera edición del festival que se celebró este fin de semana en Barbate dejó ciertas notas propias que apuntan en dónde puede situarse el Cabo de Plata en próximas ediciones.

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La primera, mucho flamenco-fusión. Estábamos en Andalucía y el público, mayoritariamente de la zona, agradece la presencia de sonidos como los de los Mártires del Compás, Rozalén, Tomasito, Miguel Campello, Marina de Ojos de Brujo, Chambao y el Canijo.

La segunda, mucho reggae. El estilo de las rastas y la ganja, relegado en la mayoría de festivales de renombre del país, a excepción del Rototom, tuvo una buena plana de representantes en el Cabo de Plata: Green Valley, Morodo, Sr. Wilson o Chronixx, con estilos más o menos puros. El reggae agradece la cercanía de la playa, sobre todo en el caso de Chronixx, que salió al escenario cuando el sol de justicia que achicharró a los fans de Green Valley o Sr. Wilson ya se había retirado. La segunda parte de su concierto, con una fuerte base electrónica, de lo mejor del festival.

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Y la tercera, poco rock y poco metal, pero escogido. Sínkope y Boikot cumplieron como es habitual en ellos el primer día,  comandado por unos Berri Txarrak tan sólidos como siempre pero más imaginativos y cercanos. La evolución de la banda navarra también se percibe en sus directos.  También se lucieron O’Funk’Illo, levantando al personal a pesar del sueño y la hora.

Hora Zulú y Narco, cada uno con su particular visión del metal, aliviaron a los amantes de las guitarras eléctricas el sábado, y Gritando en Silencio y los incombustibles Reincidentes se encargaron de representar al rock el domingo.

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¿Y el hip-hop? Hubo nivel en el Cabo de Plata. Desde Tote King y Shotta el viernes a SFDK, Duo Kie y los indefinibles Rayden & Mediayama el sábado, para culminar el domingo con Nach y Los Chikos del Maíz –emocionantes a ratos e irreverentes como ellos solos cerrando con el mítico “Exta-sí, exta-no” de Chimo Bayo-.

Pero sin lugar a dudas, los más aclamados fueron La Raíz, ya con hechuras, y fans, de banda mainstream. Ante una explanada abarrotada, tiraron de hits, uno tras otro, para mantener alto el nivel de entusiasmo entre el público. No son tan divertidos como La Pulquería ni tienen la fuerza de Talco, que nos regalaron su ska-punk al estilo italiano minutos después, pero son los que más triunfan entre la chavalada.

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Dos detalles más. Uno, gran idea situar el cámping en una zona arbolada. Dos, viendo a muchos asistentes corear en estado semiextático las canciones que sonaban por megafonía antes de la salida de cada grupo, e incluso montando algún pogo que otro, uno se pregunta si el futuro de los festivales no consistirá en reunir a una muchedumbre ansiosa de juerga, donde el cartel y hasta la presencia de las bandas quede en un lugar secundario.

Reportaje Gráfico: Juan Olea

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