Lisboa: el encanto de la decadencia

Después de habernos dado una vuelta por Londres, os proponemos otro destino para estas vacaciones. No es tan moderna como Londres, más bien algo vetusta, pero precisamente ese es el encanto de Lisboa, su aire decadente que se respira en las calles, en los cafés o en las notas de un fado.

Qué ver

Lisboa es una ciudad más de monumentos que de museos. Empezando por su monumental Plaza del Comercio, a orillas del Tajo, centro neurálgico de la ciudad y con cierto parecido a las plazas mayores castellanas.

Si nos alejamos un poco del centro, en el barrio de Belem encontraremos tres de los enclaves más renombrados de Lisboa. El primero es el Monumento a los Descubrimientos. Con forma de barco, tiene 14  metros y muestra las rutas de los descubridores portugueses en los siglos XV y XVI. El segundo es el Monasterio de los Jerónimos, construido a principios del siglo XVI en estilo gótico tardío. En él están enterrados el navegante Vasco da Gama y los poetas portugueses más reconocidos: Luis Camoes y Fernando Pessoa. Por último, la Torre de Belem, desde la que se divisa la desembocadura del Tajo. En tiempos fue baluarte defensivo, edificio administrativo y hoy es Patrimonio de la Humanidad.

Los visitantes menos perezosos pueden subir al Castillo de San Jorge, situado en la cima de la colina del mismo nombre y desde el que se divisa una preciosa vista de la ciudad y el estuario del Tajo. De bajada, podemos detenernos en el mirador de Santa Luzia, antes de de descender hasta la , la catedral de Lisboa, y volver a la Plaza del Comercio.

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Qué hacer

Lisboa reúne media docena de barrios a cada cual más pintoresco: Graça, la Baixa, El Chiado, el Barrio Alto y la Alfama. Más que para ver, son lugares para sentir, para sumergirse en el ambiente de sus calles. Se pueden recorrer a pie (lo más recomendable si se no se tiene miedo a las cuestas) o viajar entre algunos de ellos en el famoso tranvía número 28, cuyos convoyes se mantienen intactos desde la época en que los asientos eran de madera. Para subir de la Baixa al Chiado también podemos utilizar el Elevador de Santa Justa.

lisboa-hacerSi lo que os gusta son las compras, en la Rua da Prata (frente a la Plaza del Comercio), encontraréis tiendas para dar y tomar. Y si preferís la vida marina, el Oceanario, situado en los antiguos terrenos de la Expo 98, es una opción ideal. Es el segundo  acuario más grande de Europa, con más de 15.000 peces, cefalópodos y mamíferos marinos de 450 especies diferentes. Cerca se encuentra el teleférico, que ofece una vista privilegiada del río Tajo y el Puente Vasco da Gama, el más largo de Europa, con 17,2 kilómetros de longitud. 

Además, Lisboa es un buen punto de arranque para excursiones de un día. A menos de 30 kilómetros, tenemos Sintra, antigua localidad de veraneo de la aristocracia portuguesa, con su maravilloso Palacio da Pena (también hay que prepararse para subir una buena cuesta, auqnue hay autobuses que nos ahorran el trabajo). Un poco más al sur está Estoril, con su famoso casino, y Cascais, una villa de lujo a orillas del Atlántico donde se halla la Boca do Inferno, una gruta natural creada por las olas al golpear contra la roca durante miles de años.

Qué comer

La gastronomía portuguesa es sencillamente deliciosa. Al estar situada a pocos kilómetros del mar, las recetas lisboetas se basan fundamentalmente en el pescado: sardinhas a la plancha, bacalao con patatas… acompañados de vino verde (similar al blanco pero más ácido y con algo de gas). Sopas, mariscos y quesos completan los menús de los restaurantes y tascas, sin olvidar el frango grilhado, pollo asado a la parrilla acompañado normalmente de arroz.

Como antigua metrópoli, Lisboa también acoge numerosos restaurantes brasileños, donde podemos degustar una feixoada (guiso de judías con cerdo y naranja) como si estuviéramos en el mismo Brasil. Si queremos traernos un souvenir gastronómico, hay donde elegir: una botella de ginjinha (aguardiente de guindas), un six-pack de cerveza Super Bock o una caja de pasteles de Belem, elaborados a base de hojaldre y crema.

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Por dónde salir

lisboa-salirLos más fiesteros tienen dos zonas de marcha para salir. La más auténtica, el Barrio Alto, una zona vieja, de calles estrechas llenas de gente, donde las coctelerías conviven con los bares de rock, como el Toksin, y los garitos étnicos, donde el reggae y la música brasileña atraen a inmigrantes, lisboetas y turistas por igual.

Más moderna es la zona de las Doças, antiguos muelles junto al Tajo donde los almacenes han sido reconvertidos en bares y discotecas en las que suena música comercial y electrónica.

Por último, un plan que sólo Lisboa -con permiso de otras ciudades portuguesas- puede ofrecer: cenar mientras escuchamos un fado. Los restaurantes que acogen conciertos de la melancólica canción portuguesa son una opción en alza en la Alfama y el Barrio Alto.

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