Nos aventuramos en Medias Puri… y así nos fue

Los crápulas de Circulo 8 llevábamos mucho tiempo sin salir de jarana, y hace un par de fines de semana decidimos que ya estaba bien de tener dormitando nuestra Guía Crápula. Así que, tras una previa de pizzas (con y sin anchoas) y cervezas, encaminamos nuestros pasos hacia una de las discotecas más de moda en Madrid desde hace un año y pico: Medias Puri.

Se habla mucho, bien y mal, de esta sala situada en la céntrica plaza de Tirso de Molina, en los bajos del Teatro Nuevo Apolo. Y lo cierto es que Medias Puri no deja indiferente.

A primera vista, podría ser, por la música y el público, una discoteca heterogénea más, donde se reúnen desde veinteañeros (pocos) curiosos con treintañeros, cuarentones con ganas de farra y hasta grupos entrados en la cincuentena.

La música parece pinchada para complacer a tan heterogéneo público. En sus tres salas suenan temas de la Movida, pop clásico, electrónica y reggaeton de ahora y de hace unos años. De Alaska a Jennifer López, vamos. Eso sí, cada tema parece seleccionado con mimo para conformar una sesión poco arriesgada pero de calidad dentro de cada estilo.

Pero lo que hace a Medias Puri diferente, aparte de su sofisticada carta de chupitos, son sus espectáculos. Cada cuarto de hora, la música se para y entran en escena los artistas: bailarines, acróbatas, actores… que recrean el estilo de The Hole y le dan a la sala un plus que otras no tienen.

La decoración, a base de piernas de maniquís a juego con el nombre, y la amplitud completan la idea de que Medias Puri es un local más cuidado que la media, que hace de la originalidad su seña distintiva.

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