50 bandas que deberías escuchar sí o sí: 4) Metallica

Después de rememorar a tres bandas míticas de los años 60 y 70, le toca el turno a uno de los grupos señeros de los 80, más concretamente del heavy metal: Metallica.

Hablar de Metallica es hablar de trash metal, un subgénero del heavy caracterizado por riffs de guitarra agresivos, un ritmo de batería rapido y letras más pegadas a la realidad. De hecho, a Metallica se les considera, con permiso de Overkill, los creadores del thrash metal, además de una de las grandes bandas del género, junto a Megadeth, Slayer y Anthrax.

Metallica se formó a principios de los 80, con James Hetfield como cantante, Lars Ulrich a la batería, Dave Mustaine a la guitarra y Ron MacGovney al bajo. Una formación que se ha mantenido con el paso del tiempo, salvo la sustitución de MacGovney por Cliff Burnon, Jason Newsted y, finalmente, por Robert Trujillo.

Su primera demo, Hit the Lights, ya apuntaba fuerte, siendo considerada el primer tema de thrash metal de la historia. Hubo que esperar, eso sí, un par de años para escuchar su primer LP, el Kill’Em All, lanzado en 1983. Con temas como Seek and Destroy, el disco colocó a Metallica como un referente propio dentro del metal.

metallica

Sus siguientes álbumes, Ride the Lightning (1984), Master of Puppeets (1986) y And Justice for All (1988) fueron creciendo en calidad y éxito entre el público, hasta la llegada en 1990 del mejor y más vendido disco de la banda: el ‘Black Album’, también conocido como Metallica y, por estos pagos, como “el Negro”. Junto a temas contundentes como Enter Sandman, figuran baladas y medios tiempos ya clásicos del rock en general, como The Unforgiven y Nothing Else Matters.

Pero la popularización de sonido de Metallica y su éxito comercial también fueron la causa de su declive. A partir del Black Album, Ulrich, Hetfield y compañía empezaron a experimentar con sonidos más modernos y menos agresivos. Una línea que comenzaron con el Load y continuaron con el ReLoad, dos discos que decepcionaron a sus seguidores de toda la vida y que no convencieron a un público nuevo, entonces más intersado en el grunge, el rap metal y el hardcore melódico.

Únicamente el Garaje Inc., un álbum de versiones de bandas como Black Sabbath, Misfits o Thin Lizzy, convenció al público. Pero el lanzamiento del S&M, grabado con la Orquesta Sinfónica de San Francisco y, sobre todo, el St. Anger -un fallido intento de aproximarse al entonces pujante nu metal- terminó de defraudar a los antiguos fans del grupo. Sólo sus impecables directos -en los que predominaban los temas clásicos- mantuvieron la idea de que los Metallica no estaban acabados.

El ‘Death Magnetic’ de 2008, aunque más flojo que los discos de los 80, devolvió a la banda la confianza de público -controversias con motivo de las descargas ilegales aparte- y crítica. Pero un engendro llamado Lulu, grabado al alimón con Lou Reed y que registró una pésima acogida por parte del público terminó de sepultar la imagen de Metallica como una banda capaz de sacar todavía buenos discos.

Sin embargo, y como también les sucede a los Rolling Stones, Metallica no necesitan de nuevas canciones para mantener el favor del público. Todos sabemos que sus mejores canciones ya las han compuesto, y no nos importa, mientras sigan tocando los temas míticos en directo. Al fin y al cabo, Fade to Black, Master of Puppets, One o incluso Fuel son suficiente argumento para seguir tocando unos cuantos años más y para ser recordados décadas después de que se retiren.

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