El gran día

Aquella noche no era como las otras, ese día los acontecimientos eran distintos, sus manos estaban empapadas y su rostro ya no distinguía el sudor de las lágrimas. Había costado, pero al fin lo lograba tras años de sacrificios, renunciando con ello a valores morales y humanos que jamás pensaba que sería capaz de dejar de lado.

gran-diaTodo había empezado hace 3 años cuando le ofrecieron ir más allá, subir un peldaño en los escalones de su vida, y con ello acercarse a la cima desde la que ver medio mundo y pisotear a las hormigas que fuese necesario. Tan solo debía pasar por alto ciertas cosas, hacer la vista gorda en algunos asuntos y fijar bien sus ojos y manos en aquellos sobres que le regalaban. Llegó un punto en que eso que se le entregaba era mejor que lo que ganaba por hacer su trabajo, llegó un punto en el que se le pagaba por no hacer, por ser un títere, una marioneta en manos de quien manejaba el dinero.

Pero al fin había llegado el gran día, sus ojos llorosos se ocultaban tras sus manos al tiempo que apoyaba sus codos sobre el escritorio de su despacho. ¿Acaso era lícito todo aquello? Había logrado su sueño pero ¿A qué precio?

Unos nudillos golpean la puerta cual tambores redoblando antes del gran número final, ésta se abre, y de pronto suena esa frase que indica el inicio de una nueva vida “Le están esperando señor Presidente”.

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