El Jardín de los Infiernos

Cuando uno ve que el panorama festivalero aumenta en Madrid, algo que parecía estar de capa caída hace algún tiempo. Es una alegría y orgullo al residir en dicha ciudad. En estos años hemos visto como el panorama se revitalizaba con un Mad Cool y Download Madrid que han dado un fuerte empujón a este tipo de eventos. A éstos se les han unido otros cuantos, como el que hoy se nos presenta, El Jardín de las Delicias, que el pasado sábado celebraba la que fue su segunda edición.

Para ello contó con artistas cabezas de cartel como Rulo y La Contrabanda, Taburete o el conocido Juan Magán, y otros grandes nombres como Andrés Suárez, Bely Basarte o Coti. Todos ellos presentes en un mismo escenario principal en el que transcurrió la mayor parte del evento desde las 13.00 que abrió sus puertas, hasta altas horas de la madrugada. No juzgaremos aquí la calidad de los músicos, que sin duda tienen experiencia demostrada sobre un escenario. Con grandes momentos como la presencia de Dani Martín acompañando a Rulo en su cierre, con sus 32 escaleras o la gran actuación de los consagrados Taburete con el posiblemente mayor llenazo de la noche.

Y es que de llenazo va la cosa a la hora de hablar de esta edición que pudimos vivir de primera mano, y que tras acudir a otros eventos de mayor magnitud aun que el señalado, creemos que la organización tiene mucho que corregir en ediciones venideras. Desde aquí felicitamos encarecidamente a la organización por su ‘Sold Out‘ de entradas normales y premium, pero a la vez lamentamos que no se sepa haber gestionado algo así.

Nos referimos a que si bien se han multiplicado los puestos de comida, estos eran insuficientes para dar a basto para tantos asistentes, provocando colas de entre hora y dos horas cada vez que alguien quería o necesitaba comer algo y con unos precios en este aspecto (quizás menores en la bebida) muy por encima de lo habitual. Si por ejemplo, como ocurre en otros festivales, al menos se diese la opción de salir del recinto, creemos que habría gente que optaría por cenar fuera y volver a entrar para evitar dichas colas. Sin embargo, en este evento es algo imposible, ya que si salimos no se nos permitirá volver a acceder, obligando a los asistentes a permanecer dentro durante más de 12 horas si se decide acudir desde el principio.

Algo que no tendría importancia si hubiese zonas de descanso habilitadas para todos, las cuales hay, pero de nuevo insuficientes para tanto público. Al igual que los baños, los cuales en algunos casos se vieron desbordados (de manera literal ya que las aguas menores rebosaban), a lo cual un voluntario del festival incluso nos comentó que se debía a que no todos tenían sumidero y se producían atascos. Si a esto le sumamos el barro en algunas zonas ante la poca previsión de la lluvia; bueno más o menos, ahora detallaremos, todo ello no hizo más que empañar la experiencia.

Y decimos más o menos  sobre la previsión de lluvia, ya que nos alegró leer en las redes sociales que se habían previsto chubasqueros para todos; algo que no fue así, ya que mucha gente pasadas las 8 de la tarde eran informados de que ya no quedaban chubasqueros. Posiblemente los mismos que convertían el barrizal en un mar de plásticos de los que se habían tirado por el suelo, algo que creemos que contradice un poco la política Eco-Friendly del festival.

Nos pareció muy buena idea el hecho de que al entrar te diesen un ticket para canjear por tu vaso en la barra, todo ello para fomentar el que no se tirasen al suelo y cada uno se haga responsable del suyo (algo muy lógico en todo festival que hemos acudido); dando en este caso incluso la opción de llevar tu vaso al puesto de reciclaje y que este sea cambiado de nuevo por un ticket para su canje y no cargar con el vaso (y de paso que este pueda ser reciclado y no arrojado al suelo, como los chubasqueros). Todo bien hasta que llegabas con tu vaso  a la barra, y en lugar de cerveza querías una copa y les preguntabas si éste podía lavarse o cambiarse por otro (algo que creemos lógico, a no ser que os guste la cerveza mezcla con más cosas). La negativa fue rotunda, alegando que si queríamos cambiar de vaso debíamos adquirir otro nuevo pagando (viva el ahorro de plástico) llegando incluso a ser increpados por uno de los camareros de la barra de muy malas formas ¿Solución? Irse hasta el puesto de reciclaje de vasos en la otra punta, volver a las barras y dar el ticket para que te den un vaso nuevo ¿Con que sentido? La verdad creemos que ninguno.

Así pues tras enumerar nuestra experiencia, creemos que en la parte musical no hay nada que reprochar, logrando reunir a grupos que no suelen verse juntos en otros festivales del panorama nacional. Sin embargo, creemos que para que esto funcione correctamente la organización debe ponerse las pilas en cuanto a sus instalaciones y personal que atiende en ellas. Al final de nada sirve llenar y vender todas las entradas, para hacer a la gente sentirse sin espacio (que se lo pregunten a los de la zona premium cuya zona llegó a ser acotada con cintas al no caber la gente ni en las escaleras de la misma), o sin un mínimo de servicios para la totalidad de los asistentes.

Tenemos ejemplos de festivales que tristemente dejaron de funcionar por el intento de buscar sacar el dinero, como por ejemplo el Envivo. Está claro que un festival debe ser rentable, pero al final la gente es la que mantiene viva este tipo de eventos, y si no la cuidas, puedes terminar sin gente que pague las entradas. Esperamos que todo lo acontecido sirva para que la organización decida ponerse las pilas, y que la gente pueda recordar este Jardín de las Delicias como un Edén y no como un Infierno.

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