Estambul, un viaje entre Oriente y Occidente

Os hemos hablado de Londres y de Lisboa como destinos sugerentes para las vacaciones de este verano. Hoy nos desplazamos más lejos, tanto en la distancia como en la cultura, porque nos vamos a Estambul, una ciudad a caballo entre Europa y Asia, entre Oriente y Occidente, entre lo reconocible y lo exótico.

Qué ver

Estambul -Istanbul como la llaman los turcos- está dividida en dos partes por el Estrecho del Bósforo. La parte europea, situada al oeste, es la más histórica, y como consecuencia, también la más concurrida y la más turística. Esta dividida a su vez en dos partes, al norte y al sur del Cuerno de Oro, una especie de ría que desemboca en el Bósforo.

Estambul fue la capital de tres imperios -el Romano de Oriente, el Bizantino y el Otomano-. Y eso se nota en los monumentos que pueblan la ciudad, fundamentalmente en la zona europea. Para empezar, podemos visitar el Palacio de Topkapi, antigua residencia de los sultanes otomanos y centro administrativo del imperio. En realidad, es un conjunto de edificios agrupados en torno a varios patios, por lo que la visita es larga.

Junto al Topkapi se halla el Museo Arqueológico de Estambul, uno de los más importantes del mundo junto a los de Londres y Berlín. En él podemos ver restos de los antiguos imperios que florecieron en Oriente Medio, de la civilización griega y del propio Imperio Otomano. La joya del museo es el sarcófago de Alejandro Magno.

Sin alejarnos mucho de la zona, nos encontraremos con dos de los monumentos más impresionantes de Estambul (y me atreverá a decir que del mundo): la Basílica de Santa Sofía y la Mezquita Azul, situadas frente a frente. La primera fue construida en el siglo VI y ha sido basílica, mezquita y actualmente museo. La segunda, del siglo XVII, recibe su nombre de los mosaicos azules de su interior. Continúa dedicada al culto, aunque se puede visitar con ciertas limitaciones: hay una entrada específica para turistas, es preciso descalzarse y las mujeres debemos cubrirnos la cabeza y parte de los brazos.

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Otra mezquita deslumbrante es la de Sulimán el Magnífico, situada más hacia el interior de la ciudad y considerada la más grande de Estambul. Menos espectacular, pero igual de bella, es la Yeni Camii, o Mezquita Nueva, emplazada a orillas del Cuerno de Oro.

Si cruzamos el Cuerno por el Puente de Gálata y subimos una interminable serie de cuestas y escaleras, nos encontraremos ante la Torre de Gálata, que domina el barrio del mismo nombre. Fue construida por los genoveses y ofrece desde sus alturas una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad. Podemos finalizar nuestro recorrido yendo hacia el norte y visitando la Plaza Taksim, centro neurálgico de Estambul y origen de las revueltas de la Primavera Turca de 2013.

Qué hacer

La primera respuesta a esta pregunta viene sola: ¡visitar el Gran Bazar! Uno de los mercados más famosos del mundo, con centenares de tiendas, dedicadas principalmente a la joyería, las prendas de cuero y las alfombras y tapices. Muy cerca está el Bazar de las Especias, o Bazar Egipcio, menos famoso pero más auténtico, donde se ofrecen gran variedad de especias, dulces o frutos secos.

Si lo que queréis es hacer compras menos exóticas, el destino clave es la calle Istiklal, la principal arteria comercial de Estambul, entre Taksim y el barrio de Gálata, que reúne tiendas de las principales firmas turcas e internacionales.

Un plan especialmente bonito es hacer un crucero por el Bósforo. Los hay con diversos recorridos y precios desde 10 euros, dependiendo de la duración y de si incluyen paradas en los puntos de más interés de las dos costas: europea y asiática.

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Y por último, si queremos conocer otra cara de Estambul, podemos tomar un ferry para cruzar a la parte asiática. Uskudar es el barrio más recomendable, con sus casas coloridas y un curioso museo dedicado a Florence Nightinghale, pionera de la enfermería moderna.

Qué comer

La gastronomía turca supone un viaje en sí misma. Imam Baaldi (berenjenas rellenas), Sarma (hojas de parra rellenas de arroz y piñones), Kofta (albóndigas de ternera o pollo), Çorba (sopa de lentejas)… son sólo algunos de los platos deliciosos que podemos probar en Estambul. Unos mejillones o un bocadillo de ‘balik‘ (pescado) recién pescado a la plancha comprados a un vendedor callejero completan la oferta.

No, no nos hemos olvidado de los kebabs. Aunque el kebab como lo conocemos en España nació en Alemania y no en Turquía, los turcos preparan una extensa gama de platos de carne, normalmente de cordero, a la parrilla. Del Iskander Kebap (un guiso de cordero asado con tomate y verduras) al Adana Kebap (tiras de carne servidas sobre pan plano y acompañadas de una ensalada de cebolla, tomate, col y pimiento), pasando por el Sish Kebap (trozos de carne y verduras ensartados en un pincho). Lo más parecido al kebap de aquí es una especie de durum, en el que las patatas fritas se enrollan junto con la carne y la ensalada.

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Los turcos no suelen acompañar las comidas con vino o cerveza, sino con agua, refrescos o el ayran, una bebida a base de yogur diluido, bastante refrescante. También es popular el raki, un aguardiente anisado que se toma sólo, acompañando el aperitivo o con unos pastelitos llamados baklava. Para desayunar, podemos elegir entre un café turco negro y espeso o un zumo de naranja recién exprimida de los múltiples puestos que pueblan la ciudad. Para acompañarlo, son típicas las roscas de pan, solas o rellenas de queso o crema de chocolate.

Por dónde salir

Pese a ser un país musulmán, el carácter laico del Estado y la histórica apertura de la ciudad al exterior han cimentado unas costumbres bastante permisivas, que favorecen la vida nocturna, al menos en Estambul.

La principal zona de marcha de Estambul es la calle Istiklal. Hay multitud de discotecas, algunas de varias plantas, en las que suena chunda-chunda a todo trapo. Para encontrar un rollo más rockero hay que meterse por alguna de las calles adyacentes, aunque sin alejarse demasiado. En una bocacalle cercana a Taksim se encuentra el DoRock, un tugurio de los que hacen época, con música en directo, cervezas de medio litro a 8 liras (4 euros) y mucho (quizá demasiado) calor humano. Un detalle curioso: como está permitido sacar la bebida a la calle, hay casi tanta gente fuera como dentro, lo que aprovechan los vendedores ambulantes de mejillones fritos para ofrecer un refrigerio a la clientela.

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Para los más tranquilos, está la opción de tomarse un té, rojo y con mucho azúcar o con aromas de frutas, o fumar un narguile con tabaco de sabores en las terrazas de la zona de Ortaköy.

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2 comentarios

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