Topless: 50 años de liberación en España

Empieza la temporada veraniega, la de las vacaciones y el mar, la de sacar del armario la sombrilla y la toalla. Las playas se van llenando de bañistas en bermudas y bikinis. Aunque en el caso de los bikinis, son muchas las mujeres que prescinden de la parte de arriba. El topless es hoy en día una práctica habitual en las playas españolas, pero no eso no siempre ha sido así. La liberación de los pechos femeninos es un proceso que comenzó hace 50 años y que no siempre ha sido fácil. Vamos a recorrer ese camino que nos ha llevado desde el bañador hasta la rodilla de los años 60 al tanga de nuestros días.

Fue a principios de los años 70 cuando empezaron a verse torsos femeninos desnudos en nuestras playas. Playas españolas, pero tetas extranjeras, puesto que las primeras que se atrevían a hacer topless eran inglesas, francesas, alemanas y las famosas suecas. Flor, una de las pioneras españolas en la práctica del topless, nos cuenta cuál fue su reacción cuando vio por primera vez a una mujer sin sujetador en la playa, que no fue muy liberal: «Le decía a mi marido: ‘Fíjate estas francesas, qué guarras, qué guarras». Pero su impresión cambió pronto: «Pero luego me encantó y yo también me puse en topless, vamos, que no me daba vergüenza para nada. Eso fue en Palma de Mallorca, cuando me casé, año 70 o 71», explica.

Flor fue, por tanto, una de las primeras españolas en atreverse a dejar sus senos al aire en la playa, pero las reacciones de la gente no siempre estaban a la altura. «La gente yo creo que me miraban, no veas, con una cara… Los hombres miraban como gilipollas, así de claro. Y las mujeres miraban con una cara muy rara, ¿sabes? Me acuerdo de que eso fue en Murcia, en Puerto de Mazarrón, y allí había señoras que todavía se hacían vestidos para meterse en el agua».

En los años 70, por tanto, hacer topless era algo extrañísimo. Con la llegada de la democracia, las costumbres comenzaron a avanzar en los años 80 y empezó a ser más común. Pero Flor recuerda que «en los 80 no he visto yo mucho cambio. Quiero decir que seguía lo mismo, ¿eh?». «Ahora ya lo ve la gente muy normal, pero no te creas, es de hace 10 años a esta parte, cuando lo he visto yo normal. En Mazarrón nunca lo vi normalizarse, en Torrevieja ya sí está normalizado que cualquier mujer esté en topless en la playa».

Esto último nos lleva a pensar en si, todavía hoy, existen diferencias entre distintas zonas de España a la hora de aceptar el topless. Cádiz, Ibiza, San Sebastián, Salou… son zonas donde la gente parece más liberada y el topless se practica sin problemas. Aunque, según nos cuenta Flor, depende mucho de la playa en cuestión y del ‘efecto imitación’. «Hay algunas playas en las que todavía hay muchas mujeres que no lo hacen; en unas es más natural y en otras menos. Y hay otras en que si están sin quitarse el sujetador, pues todas están sin quitárselo; ahora, como te vean a ti, ya empiezan todas a quedarse en topless. Yo he ido con dos o tres amigas y nos lo hemos quitado y, al poco tiempo, las demás mujeres se lo han quitado».

Esa clase de complicidad entre mujeres es uno de los aspectos en los que la práctica del topless ha avanzado en estos 50 años, desde las críticas hacia la empatía. ¿Y entre los hombres? ¿Han asumido ellos también la liberación de las tetas? Al principio, «los hombres claro que miraban, pero un montón. Y se acercaban a ti para ligar. Pero comportamientos así tipo machistas, no. Hasta el momento no, nunca me ha surgido eso. Lo que pasa es que siempre hay viejos verdes que miran, y a la juventud más», relata Flor.

Esta zamorana que, ya en la setentena, sigue dejando sus pechos en libertad cuando va a la playa, tiene clara su motivación: «Empecé a hacer topless porque me encontraba más a gusto cuando me baño, y lo sigo haciendo, ¿sabes por qué? Porque me gusta, me apetece y como nunca me ha importado el qué dirán… Si yo me encuentro a gusto, ¿por qué tengo que taparme? Pues no. Sigo haciendo mi topless sin problemas, no me da reparo para nada. Y si alguien no quiere mirar, pues que no me mire».

En resumen, después de cinco décadas, «yo ya creo que en esto del topless la gente ya está muy mentalizada», concluye Flor. Sin embargo, todavía quedan ámbitos en los que progresar, como los espacios privados. «En la piscina nunca hemos hecho topless, fíjate, no nos dejan. En las piscinas públicas de mi barrio no te dejan. Y en las particulares, en la de mi urbanización uno me dijo que allí no lo hiciéramos». Sobre el futuro, esta pionera del topless en España no es tan optimista: «No va a cambiar, y más ahora, vamos a retroceder otra vez. Una pena». Después de reconocer a las pioneras su valentía, a las mujeres de hoy nos toca, por tanto, seguir peleando, en el topless y en otras prácticas, por nuestra liberación, por ampliarla y por mantener lo conseguido.

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