Un país para escucharlo: Fermín Muguruza (País Vasco)

A pesar de los prejuicios y, en algunos casos, de la barrera idiomática, la música hecha en el País Vasco siempre ha tenido éxito en otros lares; en Barcelona y en Madrid, pero también en Italia y en Argentina, en Francia y en México. Son muchas bandas innovadoras, muchos artistas veteranos, los que podríamos destacar, pero si nos centramos en ese reconocimiento fuera de Euskadi y en su influencia en el panorama musical vasco, y no vasco, de las últimas cuatro décadas, el elegido es Fermín Muguruza.

Muguruza, o mejor dicho, Fermín, nació en Irún allá por los años 60 y, ya de adolescente, alucinaba con los Clash. Con su hermano Íñigo y su amigo Treku Armendáriz, quiso hacer algo parecido, pero trasladando el estilo de los londinenses al entorno que les rodeaba. Así nació Kortatu. En sólo cuatro años, del 84 al 88, y tres discos, el trío guipuzcoano revolucionó el punk en euskera y en castellano, yendo un paso más allá de los precursores de lo que se dio en llamar Rock Radical Vasco.

Y es que la actitud punk, las letras comprometidas políticamente y la contundencia musical son comunes a Kortatu y a algunos de sus coetáneos como Eskorbuto o MCD. Pero, y aquí entra la mano de Fermín, Kortatu ofrecía en sus discos mayor variedad de ritmos: punk clásico y ska, sonidos más oscuros e incluso algún primer coqueteo con el rap.

Fermin Muguruza. Foto: libertinus – https://www.flickr.com/photos/libertinus/304341179/, CC BY-SA 2.0

Esa inquietud estilística de Fermín Muguruza le llevó a dar un nuevo paso y abandonar el género que les había hecho famosos para adentrarse en los nuevos sonidos que llegaban de los EEUU. Así nació Negu Gorriak, con guitarras, pero también con bases electrónicas, una mezcla de metal y rap que les llevó aun más lejos que Kortatu.

Pero Fermín Muguruza nunca ha sido propenso a acomodarse y, de nuevo, cuatro años pone fin a Negu Gorriak y se embarca en la aventura en solitario. Desde entonces, ha fundado varios proyectos: Fermín Muguruza eta Dut, Dub Manifest y el último, por ahora: Fermin Muguruza eta The Suicide of Western Culture, además de diversos discos y giras en solitario y en colaboración con otros músicos.

En ellos, Fermín ha mezclado reggae y rock, ska y drum’n’bass, raggamuffin e incluso ritmos latinos, siempre explorando, siempre evolucionando y siempre sonando reconocible, algo de lo que no todos pueden presumir. En los últimos tiempos ha ampliado sus fronteras al noveno arte -es uno de los protagonistas del cómic Los puentes de Moscú, de Alfonso Zapico- y al séptimo, dirigiendo la película de animación Black is Beltza, ambientada en las luchas políticas de los años 60. Ideia zabaldu!

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